sábado, 21 de enero de 2012

El retorno de un conocido

En Salamanca, el escribano palustre es un ave común en invierno. Se encuentra ampliamente distribuído a lo largo de las cuencas de los ríos con vegetación palustre, especialmente el Tormes y sus afluentes.
Todos los años, echamos un ojo a varios de los dormideros que conocemos, para ver como están y cual son las agresiones o barrabasadas que han sufrido esta vez, y en algunos de ellos hacemos alguna jornada de anillamiento, dentro de un programa de conservación más amplio.
Aspecto de uno de los dormideros cercano a Encinas

Esta vez, elegimos un pequeño dormidero mixto de unos 200 palustres y unos 100 trigueros, cerca de Aldealengua.
Dormidero elegido para la actuación
Se trata de un pequeño ensanchamiento de un arroyo, donde se crea una mancha de enea de unos 18 metros de ancho por 60 de largo, es decir, muy pequeño. Lamentablemente, como Miguel comentó en su blog, es habitual que lo quemen a partir de estas fechas, no sabemos muy bien porqué, y dudamos si entre por fastidiar o por joder como las dos causas principales.
Eneal quemado en febrero de 2011
No capturamos muchas aves, ya que no se trata de hacer una captura masiva de lo que hay, sino de coger unos pocos para marcarlos. En total cojimos unos 30 palustres y 10 trigueros, y paramos cuando la noche se cerraba, ya que preferimos no liberar aves en plena noche cegadas por la luz de un frontal.
Momento de algunas de las capturas

miércoles, 18 de enero de 2012

GUÍA ORNITOLÓGICO. CURSO DE FORMACIÓN

Del 28 de enero al 8 de febrero de 2013.

El turismo ornitológico supone, en la actualidad, un importante recurso económico en alza en muchos lugares del planeta. El disfrute de las aves y de sus hábitats atrae cada año, a un número mayor de aficionados, convirtiéndose en una destacada fuente de ingresos y de empleo en muchos espacios naturales de España.
Gracias a nuestro rico Patrimonio Natural, España es el principal destino europeo del turista ornitológico y de Naturaleza. Nuestra posición a medio camino entre Europa y África, nos convierte en zona de paso obligada para millones de aves y el destino para miles de entusiastas que quieren observarlas.
Observando grullas en el Embalse de Santa Teresa, Salamanca
La ubicuidad de las aves, permite disfrutar de esta actividad, no sólo en renombrados espacios protegidos como Doñana o Monfragüe, sino también, en cualquiera de los parques o jardines de nuestras ciudades.
La observación de las aves supone un aliciente complementario a la hora de decidir el destino de vacaciones de muchos aficionados. Saber cómo ofrecer de una forma atractiva y respetuosa este recurso, será un atractivo añadido a cualquier actividad que tenga como escenario nuestra Naturaleza.
Conocer lo que observamos hace mucho más gratificante cualquier salida al campo.

miércoles, 11 de enero de 2012

Nutrias, acentores alpinos y chotacabras invernantes

Estos últimos días,  nos hemos podido escapar varios días al campo y la verdad es que hemos tenido bastante suerte con los pajarillos y con nuestras amigas las nutrias.
En la primera de las visitas tratamos de volver después de muchos años, a una zona del río Tormes donde solía verse algún pequeño bando de zorzales reales invernantes en las dehesas que rodean la ribera del río Tormes. Sin madrugar llegamos a la zona y nos encontramos con una niebla densísima que nos obligó a replantearnos la jornada de pajareo, y decidimos dirigirnos a otra ribera cercana a Ledesma y a la que también, llevabamos un tiempo sin ir. Tener coche te permite poder ir a zonas a donde a tu paciente madre no quieres obligarla a que te lleve en su día de descanso.
Fantástico encinar al norte del Tormes
La construcción del faraónico y desproporcionado embalse de Almendra cubrió para siempre, varios miles de hectáreas de dehesas de encinas, quejigos y robles y entre 50 y 70 kilómetros del río Tormes y de multitud de pequeños arroyos, con sus correspondientes cañones y bosques de ribera. Bajo este manto de agua, quedaron todas los cañones del Tormes de los que hablaba  Francisco Bernis en su primer artículo publicado allá por el año 1933. Con ellos, se perdió el hábitat de alimoches, cigüeñas negras, búhos reales, águilas reales y perdiceras y del lince que aún reinaba por la zona. ¡Una catástrofe!. De todas estas riberas rocosas, sólo se salvó, justo esta.
Aspecto de los escasos cañones...demasiado vulnerables
La sequía mantiene, en pleno mes de diciembre, secos la mayor parte de los ríos y arroyos salmantinos. La ribera en cuestión, también estaba seca, auque conservaba algunos charcos donde encontramos huellas recientes de nutria y muchos pajarillos bebiendo y lavándose.El tramo de cañones apenas llegaba al kilómetro de longitud, pero en algunos tramos, tiene cerca de 20 metros de altura, más que suficiente para el búho real y para un posadero viejo de alimoche.Una zona demasiado sensible y vulnerable, sin duda.
Huellas de nutria en la orilla

Cuando visitaba regularmente la zona nunca fui capaz de observar al alimoche. Años después, en los censos que realizamos para la JCyL de cigüeñas negras, pudimos verlo en varias ocasiones alimentándose de carroñas, junto al buitre leonado y a los numerosos milanos negros que crían en las dehesas de la zona y en la alucinante garcera de Ledesma. Una vez descubierto este posadero, volveremos en primavera para descubrir su nido, si es que lo tiene, y tratar de proteger la zona de alguna manera de molestias.
Uno de los pocos indiferentes a la odiosa y desesperante retahíla de disparos
Quizá por la niebla o porque este año no han llegado desde Europa o por la retahíla atronadora de disparos que sonaban por todas partes, por aquellos otros que también salen al campo a disfrutar de la naturaleza,  apenas pudimos ver pajarillos.  Lavanderas blancas en la orilla, martín pescador en los caozos cortados del río, reyezuelos listados rebuscando entre las hojas... y poco más a destacar. Maravillosos, como siempre, los milanos reales y un ratonero que picó repetidamente sobre una ladera, quizá sobre el búho real que poco después pudimos ver a placer.
Tormes y Garceta grande
Con la niebla levantada y ya al final de la tarde, remontamos el Tormes aguas arriba de Ledesma para tratar de localizar a los zorzales reales. Desde el mismo puente, pudimos descubrir el rastro de ondas que la nutria iba dejando a su paso. Rebuscando comida entre las eneas, llegó a escasos metros de una garceta grande, que a su vez, era observada por un zorro rojizo que, quizá, estaba esperando un descuido para robarle el pez que tenía ensartado en su pico.
Islas e islotes del Tormes refugio ideal para las nutrias
Con la alegría de descubrir y ver a placer a la bonita nutria, buscamos más bichos entre las orillas e islas de este tramo. Un hilo de burbujas y otra nutria, justo aguas arriba del puente.
Apenas fue un instante, pero fue más que suficiente para olvidarnos las penas de tanto disparo. Ya con poca luz, fuimos por la orilla derecha del Tormes. A destacar, mucho conejo en una absurda y fallida repoblación de encinas en plena dehesa, un dormidero de 90 cormoranes, un puñado de patos cucharas, frisos y zampullines entre más de 200 azulones y una hembra de gavilán con buche, con la luna llena ya alta.
Maravillas de la naturaleza casi en cualquier rincón
De vuelta al coche y, tratando de buscar un paso entre los incómodos surcos de la repoblación, tomé una pequeña vereda abierta por el mismo enorme macho de jabalí que venía en mi dirección. Sorprendentemente ciego, no me olió o vio, hasta que me tenía a menos de 15 metros. Sin apenas asustarse, me rodeó y retomó su senda a mi espalda. Viendo esto, siento aún más desprecio por algunos seres humanos que son capacesde  matar a bocajarro  a seres, que de no molestarlos, serían tan poco recelosos como un perro.

Al día siguiente, y ya por trabajo, fuimos a los arribes del Duero. En uno de los caminos habituales tuve la gran suerte de levantar en dos ocasiones un chotacabras pardo que se supone debería estar al sur del Sahara. Lo fácil sería atribuir al “microclima mediterráneo” de arribes esta cita tan alocada, pero cualquiera que conozca Salamanca sabe que de microclima mediterráneo ¡nada de nada!. Hacía un frío que pelaba y la niebla apenas levantó en todo el día. Por el motivo que fuera, allí estaba este insectívoro transahariano revoloteando entre callejas, justo delante de mi coche.


Espectacular aspecto en el Monasterio de la Peña de Francia rodeado de niebla

La última de las visitas pajareras fue este domingo a la sierra de Francia. En el pueblo de Monsagro lo más destacado fueron varios nidos de golondrina daúrica en casas habitadas. La especie poco a poco está colonizando la fría meseta desde estos valles algo más térmicos. Remontando el valle de Alagón, se adentran cada año un poquito más en la provincia. Dos parejas de cuervos y acentores por los jarales, fueron lo único vivo que se dejó ver  en este paseo por el valle del Agadón.
Precioso nido de golondrina daurica con barro procedentes de diferentes charcos
La subida a la Peña de Francia siempre es un espectáculo, pero ir ascendiendo entre las nubes que chocan y se arremolinan contra las laderas, es una experiencia absolutamente mágica. En el tramo final de la ascensión, aparecieron entre rocas y pinos, algunas cabras montesas muy confiadas. En el monasterio de la Peña las nubes iban y venían. Por momentos no se veía a más de 10 metros y, de repente, el cielo se abría y se podía ver toda la sierra de Francia dorada por el sol.
Paisaje habitual en la subida a la Peña
En uno de los miradores levanté varios pajarillos gordezuelos. ¡acentores alpinos!. Lamentando no haber podido verlos con calma, nos dimos la vuelta y justo delante del calvario, otros 13 se alimentaban en el suelo empedrado. Después de tantos años sin verlos es comprensible mi emoción al ir descubriendo pequeños grupos casi en cada claro de vegetación que rodeaba a la Peña. Ni siquiera el viento que casi nos tiraba y nos helaba hasta los huesos, me quitaron la sonrisa.
Cruzianas, o huellas de Trilobites que habitaron los "mares" Paleozoicos de la Sierra de Francia. Adorno habitual en los pueblos de la sierra

sábado, 31 de diciembre de 2011

Fauna variada en lugares sorprendentes

Muchos de los que nos dedicamos de alguna manera a las aves, sabemos que en numerosas ocasiones aparecen en los lugares más insospechados. Tanto su capacidad de adaptación como nuestra capacidad de crear nuevos hábitats, en ocasiones absolutamente diferentes a los que había anteriormente, hacen en ocasiones que aparezcan concentraciones de aves de diferentes especies que no esperábamos encontrar, o que en general no nos plantearíamos que estuvieran allí.
Aspecto del vertedero

Uno de los ejemplos más claros, son los vertederos, actualmente denominados C.T.R.S., es decir, Centros de Tratamiento de Residuos Sólidos.
Aspecto tras la llegada de las gaviotas y las cigueñas

¿Gaviotas en Salamanca? es una pregunta que siempre sorprende...pero, bueno, quizás si, en el río...
Sin embargo, son varios miles los que se pueden ver en el vertedero.
Revuelo de gaviotas en los alrededores del vertedero de Zamora

Existe una campaña de anillamiento de gaviotas en el CTRS de Gomecello, que estamos realizando junto a SEO-Salamanca, y que está magníficamente representada en el blog de Miguel blanco "helmantica ornithology".
Estos días estamos yendo por allí, echando una mano y anillando las gaviotas que capturamos. Los datos que estamos obteniendo son sorprendentes...las gaviotas que pasan aquí el invierno, luego crían en Francia, Inglaterra, Holanda, Finlandia, Estonia...
Cigueñas sobre el vertedero en diciembre. ¿para que migrar? tengo comida


Curiosa pareja

Cigueñas, milanos y gaviotas...juntas en diciembre sobre el vertedero

Además de gaviotas (reidoras y sombrías), tenemos cigueñas blancas, milanos reales, garcillas bueyeras, y literalmente miles de estorninos negros y pintos, gorriones comunes, lavanderas blancas, además de cogujadas, ratoneros, aguiluchos laguneros...Todos ellos buscando una oportunidod de alimento fácil allí, que generalmente se encuentra.
Aguilucho lagunero tratando de sorprender a uno de los miles de pajarillos


Garcilla bueyera...blanca de momento

Grupo de cigueñas descansando tras comer

Estornino pinto

Estorninos pintos y negros

viernes, 23 de diciembre de 2011

Grullas en el embalse de Santa Teresa

Este nuevo Paseo Ornitológico nos lleva en esta ocasión, a la pequeña localidad de Pelayos, a la orilla del gran embalse de Santa teresa, en busca de las aves acuáticas que allí pasan el invierno. El frío propio de estas fechas no nos desanimó en nuestra búsqueda de nuevas aves.
Ya comenzamos a observar aves desde el pueblo
Partiendo del ayuntamiento, seguimos un cómodo camino desde el que se domina la gran superficie del embalse de La Maya. Las escasas lluvias de este otoño, han dejado un nivel de agua bastante por debajo de lo que suele ser habitual. En las orillas desnudas se concentraban los primeros grupos de gaviotas sombrías y de ánades azulones.
Un par de milanos reales, como siempre espectaculares, sobre el pueblo
Las cabriolas de dos milanos reales sobre el pueblo, dieron paso a pequeños pájaros como el colirrojo tizón, el petirrojo y un confiado y luminoso alcaudón real. Desde el cable que le servía de atalaya, lanzaba cortos vuelos en busca de pequeñas presas. La ayuda del telescopio nos permitió observar con nitidez su pico aguileño. La ausencia de unas garras que le permitan agarrar con fuerza a sus presas, les obliga a empalar a sus presas en algún espino o rosal, para poder despedazarlas.
Alcaudón real. Muy confiado, con su pecho rosado característico
Con la aparición de los primeros entrantes del embalse, fuimos descubriendo a las aves acuáticas. Los ánades reales, como en casi cualquier otra zona húmeda de España, fueron las más abundantes. Con los escasos rayos de luz que se escapaban de entre el encapotado cielo, los verdes y azules de las cabezas de los machos, resplandecían en contraste con las pardas hembras. Este marcado dimorfismo sexual tiene su explicación en el reparto de tareas que ejercen los dos sexos. Mientras los machos, dedican todo su esfuerzo en atraer al mayor número posible de hembras, éstas deben conseguir pasar desapercibidas durante la solitaria incubación, para no atraer las miradas de posibles depredadores sobre su escondida nidada.
Las primeras grullas se adivinaban lejanas, posándose en las orillas
Al ganar altura sobre el embalse, fueron apareciendo otras aves que son habituales durante el invierno. En Las despobladas orillas se concentraban varios cientos de elegantes gaviotas sombrías en grupos apretados. Su espalda oscura contrastaba con su voluminoso cuerpo blanco. Junto a ellas, estaban posados varios cormoranes grandes secándose al sol, después de sus largas sumersiones de pesca.
Observando aves acuáticas en el embalse y buscando grullas mirando al cielo
De todas las aves que buscan estas aguas para pasar el invierno, son las grullas las más atractivas y frágiles. Las orillas y dehesas de encinas de este rincón de Salamanca, ofrecen tranquilidad para formar sus dormideros y comida para pasar los largos y fríos meses del invierno. Entre 1500 y 2000 grullas nos acompañan todos los inviernos, llenando de poderosos trompeteos los campos de este rincón de la provincia.
¿Pero las grullas vendrán o no...? y ¡Que frío!!!
Tratando de descubrir su figura estilizada, no dejamos de rastrear el cielo en busca de sus formaciones en “V”. Los primeros grupos fueron apareciendo varias horas antes de la puesta del sol. Estos bandos están formados por la agrupación de diferentes familias que se mantienen unidas, gracias a sus poderosas llamadas, en sus largos y peligrosos viajes desde la taiga escandinava hasta las acogedoras dehesas del suroeste de España. Con la ayuda de nuestros telescopios pudimos distinguir los colores blancos, negros y rojos que adornan la cabeza de los adultos, y que contrastan vivamente, con los colores pardos de las cabezas de su corta descendencia, formada por uno o dos pollos.
Grupo familiar entre las encinas
En ningún momento se separan las familias. Ya sea en la rastrojera de maíz o en la protectora dehesa, las familias permanecen unidas y vigilantes ante cualquier peligro.
Camino del resguardo de los árboles...
Con el paso de los minutos, el viento helado se hizo casi insoportable. Siguiendo los pasos de los pajarillos, que inteligentemente buscan los valles abrigados del viento, decidimos retomar el camino y buscar la protección del valle adehesado que cubre las orillas.
Bandos de trigueros, gorriones comunes y chillones, verderones...nos acompañaron todo el paseo
En su interior, las encinas y las cortinas de piedra, nos protegieron del viento y nos ofrecieron nuevos pajarillos para observar. Nuestra llegada al bosque fue delatada por las llamadas de alarma de mirlos y carboneros. Con nuestro paso, fuimos levantando algunas palomas torcaces y pequeños bando de pinzones que se alimentaban en el suelo.
Uno de los escasos grupos que vimos hasta entonces...reflejando el sol de la tarde
 Sabiéndonos a poco las lejanas observaciones de grullas, decidimos buscar un camino que nos acercara, de forma respetuosa, a las cercanías de la bahía donde se refugian para pasar la noche. Antes de poder acercarnos, las grullas nos brindaron un espectáculo natural único. 

Llegaba la hora mágica de la puesta del sol...¿tendríamos suerte?
Con el sol apunto de ponerse y con el alivio  que ofrecía el paravientos de las encinas, el atardecer se llenó con los trompeteos de estas fantásticas aves. Antes de asomarse por encima de las laderas, sus llamadas comenzaron a resonar desde el noreste. 




Uno de los numerosos grupos

Pasando por encima
Silencio absoluto. Escuchar el canto de las grullas es una de esas maravillas naturales al alcance de todos
Con el sol a punto de ponerse y con el alivio que ofrecía el paravientos de las encinas, el atardecer se llenó con los trompeteos de estas fantásticas aves. Antes de asomarse por encima de las laderas, sus llamadas comenzaron a resonar desde el noreste. Como un auténtico regalo, fueron apareciendo con sus bandos en “V” una sucesión de geométricos grupos que volaban a escasa altura sobre nuestra vertical. Hasta 800 grullas nos regalaron un recuerdo imborrable que compensó, con creces, el frío del invierno que está a punto de llegar.
Último grupo que pasó, ya prácticamente sin luz

martes, 13 de diciembre de 2011

Paseo Ornitológico por Rágama

Este nuevo Paseo Ornitológico del proyecto TRINO, el primero del grupo de acción local NORDESTE, nos lleva hasta las llanuras de Rágama, en la ZEPA de Tierras de Campiña. En esta ocasión nuestro objetivo era observar las aves esteparias de estos campos cerealistas y a las aves acuáticas que pasan el invierno en el lavajo de Los Lavajares.
Aspecto desde el alto de la seca laguna de los Lavajares
Los lavajos es el nombre que reciben en Castilla y León, las lagunas esteparias y someras que se forman gracias a las lluvias del otoño y el invierno. Estas lagunas se localizan, mejor dicho, se localizaban, en puntos donde el nivel freático era más superficial. La sobreexplotación de estos acuíferos ha provocado su hundimiento y la desaparición de todo un ecosistema de pequeños arroyos y lagunas, con sus bosques de ribera, y de toda la fauna forestal y acuática que en ellos se refugiaba.
Este lluvioso Paseo nos llevó desde la localidad de Rágama, hasta la laguna de Los Lavajares, por un camino que nos permitió observar las aves esteparias que ocupan estos extenso campos de cereal. La lluvia y el viento no desanimaron a  nuestro pequeño, pero más que interesado grupo. En las 4 horas que compartimos juntos, no hubo apenas un momento de silencio.
Lavandera blanca, una de las especies que pudimos ver
La primera de las paradas la tuvimos a las afueras del pueblo, en la ribera del río Regamón, que aunque seco, la mayor parte del año, sigue disponiendo de una alta alameda. El tiempo adverso dificultó mucho la observación de las aves que habitualmente revolotean por la arboleda. Pitos reales, mitos, búhos chicos y el resto de las aves ribereñas, bastante tenían con no salir disparados con las rachas de viento.
Un día nublado y lluvioso en todo el recorrido del paseo
En el corto camino que recorrimos no aparecieron muchas de las aves esperadas. Apenas alguna lavandera blanca, un colirrojo tizón, unas cogujadas comunes y pequeños bandos de alondras asustadas a nuestro paso. Afortunadamente, la paciencia y 10 prismáticos buscando, cumplieron con las expectativas descubriendo casi todos los tesoros que las llanuras castellanas pueden ofrecernos. De todas las aves que se pueden esperar ver en la zona, fue la ortega la que más ilusión nos despertó. Pocas o ninguna esperanza teníamos de observarlas.
localizando un gran bando de avutardas
Muchas veces se habla de la desaparición del águila imperial o de la cigüeña negra, pero pocas veces nos acordamos de otras aves, más modestas y que sufren un proceso de desaparición mucho más dramático que el de otras aves que sí han conseguido recibir atención. Cuando menos lo esperábamos, pudimos descubrir el vuelo velocísimo e inconfundible de estas pequeñas aves. Con mucha emoción, pudimos contar hasta 11 aves, que pueden no parecer muchas, pero son 11 más de las que hemos visto en Salamanca en mucho tiempo. A puro placer las pudimos ver volando y posadas. Con la ayuda de los empañados telescopios nos deleitamos con sus delicados pasos sobre los duros terrones. La mancha negra de su musculoso pecho, destacaba sobre el pardo entorno. Tan cerca estaban que pudimos mostrar a los asistentes las manchas en el cuello que diferencian a los machos de las hembras. ¡Hasta las pudimos escuchar!. Todo un placer fue volver a escuchar ese reclamo tan característico hasta no hace mucho, y que recuerda a un niño haciendo pompas de jabón.
Viendo las ortegas en la guía

 Otra de las joyas de la fauna esteparia que tienen aquí, uno de sus últimos refugios en Salamanca, son las enormes avutardas. Varios bandos de estas majestuosas aves ocupan los campos que rodean la seca laguna de los Lavajares. En su búsqueda de alimento, comparten las rastrojeras de maíz con las ovejas del pastor, otra especie en peligro de extinción.
Aprovechamos el momento de estar parados, para tomarnos un café calentito que habíamos llevado en un termo, acompañado de unas perronillas, para así engañar al frío.
Tomando un café, mientras no paraba de llover
Y si antes hablábamos de las joyas de la avifauna ibérica, ¿qué ave puede representar mejor que ninguna otra el lado más salvaje y frágil de nuestro país sino el águila imperial?. Observando la llegada de las palomas torcaces a la chopera que les sirve de dormidero, una dorada y majestuosa ave inmadura se posó en un árbol cercano, doblando hasta casi tronchar, la rama desde la que dominaba el ir y venir de las palomas y las cornejas que por allí se concentraban. La emoción de volver a ver, después de tanto tiempo, a las bonitas ortegas, nos hizo despistarnos y perder el vuelo de la reina de los cielos ibéricos.
Una de las escasas choperas que sobreviven en la zona
Otra de las aves que invernan por la zona son las grullas. Las rastrojeras de maíz son la base de la alimentación de las, más o menos, 1000 grullas que forman este pequeño núcleo de invernada que se mueve entre Salamanca y Ávila. La sequía que mantiene secos los lavajos de la zona, las obliga a dormir en los campos de cultivo de la zona, en lugar de hacerlo “con los pies mojados”, como a ellas les gusta. Dormir sobre el agua las ayuda a descubrir la llegada de sus posibles depredadores, cuando lobos y perros chapotean sin querer, descubriendo sus pasos furtivos. En esta ocasión no tuvimos mucha suerte y fueron poca las que se dejaron ver. Apenas 50 aves y a mucha distancia. El intenso viento no nos dejó escuchar sus trompeteos característicos y que tanta vida dan a estos sombríos paisajes invernales.
El viento que no cesaba, también dificultó la observación de las rapaces típicas de estos campos abiertos. Milanos reales, ratoneros, aguiluchos laguneros y pálidos, esmerejones y cernícalos volaban con grandes dificultades y a apenas un palmo del suelo, buscando la protección del viento de las suaves lomas y hondonadas.
Iglesia entre la niebla
Iglesia en la noche, al finalizar el paseo