Pocas actividades hay tan
divertidas y tan útiles para el conocimiento y la conservación de las aves como
el anillamiento científico. Poder conocer los desplazamientos de las aves, ya
sea, para aquellas que acometen larguísimos y peligrosísimos viajes migratorios,
o para aquellas, que apenas se alejan unas decenas de metros del lugar donde
nacieron, permite disponer de una información sumamente importante de cara a la
protección de los espacios donde desarrollan su vida. De nada servirá proteger
el soto de ribera donde, como cada año, el ruiseñor esconde su nido y saca
adelante a su prole, si descuidamos la protección de todas las lagunas y bosques
que le sirven de refugio y descanso en sus infinitos periplos viajeros.
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El anillamiento de aves permite, también, ofrecer una visión lúdica de las aves y una oportunidad excepcional para la educación ambiental. |
Junto a esta decisiva labor
científica (el auténtico sentido de esta disciplina), se suma otra faceta más
lúdica, pero de incomparable atractivo y valor para la educación ambiental. Aún
hoy, no son muchos los que han tenido la oportunidad de disfrutar en primera
persona de la fantasía de formas y colores de las aves que nos acompañan en
nuestros campos. Gracias al anillamiento podremos fascinarnos con el plumaje
arco iris del martín pescador o con el pico poderoso e incisivo del alcaudón
común.
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Pocos pájaros tan bonitos y
delicados como el Martín pescador. Habitante del río Tormes, es una de las aves
más habituales durante las jornadas de anillamiento.
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Las riberas del río Tormes son un
refugio invernal para muchas aves ibéricas europeas. En sus bosques encuentran
el descanso y la alimentación necesaria para afrontar los largos meses de
invierno, que este año no parecen querer llegar. Con el deseo de poder
compartir con todos vosotros de una
mañana de pájaros, celebraremos una jornada de anillamiento dentro de la
jornada de campo incluida en nuestro Curso de Guía Ornitológico y de Naturaleza
que tendrá lugar del 17 al 22 de noviembre. Os esperamos.